Calatañazor (Soria)

Chimeneas pinariegas

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En el corazón de la provincia de Soria, en la hoz de un valle hendido por el paso del río Milanos, se encuentra el pueblo de Calatañazor.

El enclave es conocido por la afamada batalla de Calatañazor, en la que se dice que el general de los ejércitos califas Almanzor «perdió el tambor», al ser derrotado por los ejércitos cristianos del conde Sancho García y herido de muerte.

Flanquea la entrada del pueblo una ermita románica de planta basilical que ha conservado restos medievales en las arquivoltas de la portada, y en la decoración de vanos y canecillos.

Cuando nos adentramos en  Calatañazor, descubrimos que parece haberse quedado anclado en la Edad Media. Una calle principal nos conduce a la plaza del pueblo, acompañada de pequeñas casitas que conservan la tipología popular, con fachadas de piedra y tapial enfoscadas de barro, entramado de madera de sabina y puertas de madera que conservan sus herrajes originales. Destacan entre el entramado urbano de Calatañazor las chimeneas pinariegas: unos originales conos de enramado cubierto de teja, que cubrían toda la cocina, teniendo su origen en el «hogar celtibérico» del antiguo asentamiento arévaco de Voluce, el cual precedió a la villa medieval. La casa de uno de sus vecinos, muestra a los turistas la función de estas chimeneas y cómo eran estas cocinas primitivas. De la época visigótica, se conservan sepulcros antropomórficos a las afueras de Calatañazor.

La plaza del pueblo conserva un rollo de justicia o picota, monumento que se levantaba únicamente en las villas, y donde tenían lugar los ajusticiamientos. Allí, los reos eran condenados y humillados en público. Al lado, se conserva un gran fósil marino conocido como la «Piedra del Abanico».

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Desde la plaza, podemos observar cómo las ruinas de lo que fue un solemne castillo coronan el enclave. De origen árabe, las ruinas que se conservan pertenecen a una edificación posterior, de los siglos XIV o XV aproximadamente, en la que se ha restaurado la torre del homenaje. Desde el castillo puede observarse el Valle de la Sangre, donde se cuenta que tuvo lugar la cruenta batalla, y donde, según algunos vecinos, aún pueden encontrarse restos de puntas de flecha y otros vestigios de la contienda. También se conservan restos de la muralla que rodeaba la villa de Calatañazor.

La visita a este encantador pueblecito, puede completarse con un paseo por el Sabinar de Calatañazor, un milenario bosque de sabinas, en dirección al pueblo de Muriel de la Fuente, y La Fuentona, una pequeña laguna de origen glacial y aguas azuladas, donde nace el río Abioncillo.

Publicado en: Calatañazor, Castilla y León, Soria

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