CONSUEGRA (TOLEDO)

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En un lugar de la mancha situado en la provincia de Toledo, engalana la llanura con sus molinos de viento y su castillo medieval, el inconfundible municipio de Consuegra.

Los orígenes del pueblo se remontan a la época celtíbera, cuando las primeras tribus se asientan en el Cerro del Calderito, aunque es con Roma cuando alcanza mayor preponderancia. Con el nombre de Consaburum, se convierte en una importante zona de paso de la Vía Laminium, y se beneficia de obras de ingeniería romanas.

Durante la Edad Media, se disputan su gobierno musulmanes y cristianos, permaneciendo finalmente bajo la tutela de la Orden de San Juan hasta el siglo XIX.

La plaza de Consuegra está presidida por el Ayuntamiento, un edificio renacentista del siglo XVII, al que se le anexan la Torre del Reloj, y el Edificio de los Corredores, con las características balconadas manchegas de madera. También puede contemplarse el antiguo Colegio de San Gumersindo, con traza de estilo mudéjar toledano.

El municipio cuenta con un notable patrimonio religioso, entre el que destacan la Iglesia del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, la Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor,  la Casa de la Tercia, que perteneció a la Orden de San Juan, y unos cuantos conventos.

Pero sin duda, el protagonista de Consuegra se encuentra fuera del núcleo urbano. No es otro que el Cerro Calderito, donde se asientan el Castillo de la Muela y los molinos de viento.

El castillo fue erigido en el siglo X por los musulmanes del, por entonces, floreciente Califato de Córdoba. Después de años de lucha entre éstos y los cristianos, el castillo es administrado por la Orden Militar de San Juan, quienes serán los responsables de proteger el lugar de las incursiones musulmanas. El castillo de la Muela está compuesto por un espacio amurallado, seguido de otra zona defensiva con una torre albarrana y un cuerpo formado por una estructura cuadrada, rodeada por torres circulares. Ha sido reconstruido e intervenido a lo largo de los siglos y se impone sobre el cerro con su soberbia presencia.

Los molinos, construidos en el siglo XIX para la fábrica de harina, se dispersan a lo largo del cerro con la imponente apariencia de aquellos gigantes que en su día, perturbaron la mente de Don Quijote. Doce son los que se conservan, algunos reconvertidos en tiendas, oficina de turismo o improvisados museos. Otros, con su maquinaria conservada, dan muestra de lo que en su día fue pieza clave de la economía del municipio. Todos los molinos han sido renombrados con términos que hacen alusión a la obra de Cervantes: Bolero, Rucio, Sancho, Alcancía…y son, sin duda,  una de las joyas de la Mancha.

Publicado en: Castilla-La Mancha, Consuegra, Toledo

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